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Pronto, los andenes se verán atiborrados de familias y turistas con maletas que esperan la señal para abordar. El inicio de Semana Santa no está marcado sólo en el calendario, sino en el flujo de pasajeros que se duplican en los mostradores. La estampida comienza el 1 de abril.
No es solo un respiro de las aulas, sino una oportunidad para escapar a casa, al mar o a cualquier lugar donde el reloj no dicte las horas de clase.
Y con ello, reaparecen en las taquillas de los autobuses los descuentos.
La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) fijó las reglas.
No hay trucos ni tarifas escondidas, solo la condición de mostrar la credencial vigente al comprar.
El descuento es una invitación al movimiento. Para quienes estudian lejos de casa, significa volver sin que el pasaje devore el presupuesto. Para los maestros, es la posibilidad de salir de la ciudad sin sentir que el sueldo se diluye en el camino.
En la fila de la taquilla, un estudiante de mochila raída pregunta si puede usar un documento digital.
No todas las historias de viaje empiezan con una oferta cumplida. Hay reglas, pero también excepciones forzadas por el negocio. Algunas líneas se reservan el derecho de aplicar la tarifa especial si el autobús está lleno o si el número de boletos con descuento ya se agotó.
En estos casos, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) se convierte en la última estación.
Una queja formal puede hacerse en oficinas de Defensa del Consumidor, en línea mediante Concilianet o incluso desde el teléfono móvil con Conciliaexprés.
Mientras los estudiantes y maestros cuentan los días para el descanso, las terminales de autobuses ajustan sus relojes. El sonido del altavoz anuncia salidas constantes. No importa el destino: para muchos, la verdadera meta es salir, aunque sea por unos días, de la rutina.