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Actualmente, el estilo de vida exige rapidez. Vivimos en una sociedad en donde la inmediatez es necesaria, y el ritmo de las personas ya sea que estudien o trabajen nunca se detiene. Lamentablemente esta presión llega a terrenos que podrían poner en riesgo nuestra salud y bienestar.
Así es, aunque comer rápido puede ser por distintos factores, es sin duda un mal hábito que muchas personas jóvenes o adultas tienen, y aunque parezca inofensivo podría acarrearte otras enfermedades o malestar a tu organismo tanto físico como mental.
Una escena normal es ver a los trabajadores comiendo apresurados, independientemente de lo que se pueda consumir en poco tiempo, este mal hábito puede ser la base para desarrollar problemas digestivos, enfermedades crónico-degenerativas, trastornos alimenticios, y más.
Antes de comer rápido, conoce cuáles son las consecuencias de consumir tus alimentos de esta forma:
Ser propenso a la obesidad
El cerebro tarda aproximadamente 20 minutos en registrar que el estómago está lleno, sin embargo las personas que comen rápido suelen ingerir más alimento del necesario antes de sentir saciedad. Por lo que a largo plazo, incrementarán las posibilidades de padecer obesidad, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.
Problemas digestivos
Si se come rápido no se da el tiempo suficiente a que las enzimas salivales inicien el proceso de descomposición de los alimentos, por lo que el estómago deberá trabajar el doble, generando:
Enfermedades cardiovasculares
Comer rápidamente se relaciona con niveles más altos de triglicéridos en sangre, un factor clave para la aparición de enfermedades del corazón. Esto ocurre debido a que la rápida ingesta de alimentos procesados o ricos en grasas saturadas eleva abruptamente el azúcar en sangre y la presión arterial.
La salud mental también se ve afectada
Comer rápido está asociado con el estrés o ansiedad, sin embargo es un círculo vicioso, ya que el no comer adecuadamente daña nuestro estado de ánimo. Y lo más básico, al no disfrutar de la comida, se pierde uno de los placeres cotidianos que contribuyen al bienestar emocional.