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Los abrazos son una expresión universal de afecto y cercanía. En diferentes culturas, este gesto simboliza apoyo, consuelo y conexión emocional, ya sea en reuniones familiares, encuentros entre amigos o momentos de celebración.
Sin embargo, no todas las personas reaccionan de la misma manera ante un abrazo, y algunas prefieren evitar este tipo de contacto físico, llegando a reaccionar con profunda incomodidad si se ven envueltas en uno.
Desde el punto de vista psicológico, el rechazo a los abrazos puede tener diversas explicaciones. De acuerdo con especialistas, una de las razones principales está relacionada con la crianza y las experiencias tempranas.
Un informe publicado por el sitio La Vanguardia señala que el haber crecido en un entorno en el que el contacto físico no era frecuente puede llevar a una preferencia por mantener la distancia en la adultez.
Además, la autoestima juega un papel importante. Las personas que atraviesan momentos de ansiedad, depresión o estrés suelen evitar el contacto físico como un mecanismo de autoprotección. Sentirse vulnerable ante la cercanía de otros puede generar incomodidad y llevar a rechazar muestras de cariño, como los abrazos.
A esto se suman factores culturales, ya que en algunas sociedades los abrazos no son una práctica común y, por lo tanto, quienes crecen en estos entornos pueden sentirse incómodos con esta forma de interacción, si es que en algún punto conviven en un ambiente donde sí sean comunes.
A pesar de esto, múltiples estudios han demostrado que los abrazos tienen beneficios significativos para la salud emocional y física. Según el Instituto Europeo de Psicología Positiva, los abrazos pueden reducir el estrés, mejorar la autoestima, fortalecer las relaciones interpersonales e incluso contribuir a la prevención de enfermedades.
Si bien evitar los abrazos no es un problema en sí mismo, comprender sus causas puede ayudar a mejorar las relaciones personales y fomentar una mayor conexión emocional con los demás.